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PEDRO AZNAR PRESENTÓ EL CONCIERTO RETROSPECTIVO DE SU CARRERA SOLISTA

Anoche dio el primero de los dos shows en el teatro Ópera

Si se cuenta su paso por bandas de adolescencia como Madre Atómica y Alas, o incluso la famosísima Serú Girán, son muchos más que 35 años. Pero lo que quiso celebrar Aznar con el concierto que dio ayer y que repetirá esta noche, en el Teatro Ópera, son los años que pasaron desde que comenzó su carrera solista.


Tenía 23 años y era un prodigio del rock. Como bajista se asemejaba al estilo de Jaco Pastorius y como compositor se dejaba influir por el jazz rock y el jazz fusión de aquellos años. Para 1982, dejaba la banda más importante de ese momento, se alistaba en las filas del grupo de Pat Metheny y publicaba su primer disco en solitario, al que llamó, simplemente, con su propio nombre y que se nutrió de temas e interpretaciones que, en algunos casos, demostraban virtuosismo por encima de reflexión, con temas como "New Wave Bop" a la cabeza. Algo normal para el primer disco de alguien de 23 años.


Pero hay que decir que allí comenzó esa historia de 35 años. Y para ser fieles a un buen comienzo, Aznar y los cuatro músicos que lo acompañaron tomaron dos títulos de ese álbum debut, "Conduciendo una locomotora" y "Septiembre" de Ivan Lins. Dos muestras de que había allí un talento a desarrollar. Y, además, un músico de esos que tocan para una audiencia de entendidos, que luego fue ampliando el espectro al público general. Hoy con sólo "entendidos" no se llenan dos funciones en el teatro Ópera; pero el público de Aznar sí.


En esos 35 años su camino fue hacia una expresión más clara y directa para el público que se multiplicó de manera exponencial. En sus primeros discos (del tercero se escuchó uno de sus temas más conocidos de los ochenta, "Fotos de Tokio") su voz sonaba como un instrumento más. Sin embargo, con los años comenzó a despegarse y a ganar protagonismo. De otro modo, no hubiera habido una platea que susurrara el estribillo de la balada romántica "Ya no hay forma de pedir perdón", al final del concierto, antes de los bises.










Pedro Aznar, en el ÓperaPedro Aznar, en el Ópera. Foto: LA NACION


Entre aquellos primeros temas de los discos Pedro Aznar y Contemplación y los últimos bises hubo dos horas de música orgánica y, al mismo tiempo, heterogénea. Porque Aznar cuenta con la extraña virtud de coquetear con el jazz, arrimarse al folklore, lanzarse en la estética beatle que tanto le gusta y detonar la sala con temas nuevos que rozaron el hardcore, sin perder sus rasgos esenciales. Todo sonó orgánico y con su propio sello.


Aznar fue siempre tan independiente en sus decisiones estéticas y se mantuvo por fuera de las modas que hoy tiene el poder suficiente sobre su obra como para reeditar todos sus discos en una colección de 18 álbumes, más un libro y el EP de cuatro temas nuevos.


Anoche se dio el lujo de celebrar su vida artística en un concierto que duró, con los bises, casi dos horas y media, y no recurrió a la presencia de invitados ilustres. Con su meticulosidad habitual, comenzó el año pasado a diseñar este espectáculo junto a sus músicos. A esos ensayos llevó sus pasiones, sus creencias y mandalas que están atravesados en músicas y letras.


Y hasta tuvo tiempo para sorprender con alguna pieza nueva, como "La trampa", que cantó mientras sobre la pantalla del fondo se veía una imagen dibujada de Donald Trump, con un bigote al estilo Hitler y una bandera de los Estados Unidos detrás, que en vez de estrellas en su extremo superior izquierdo tenía dibujada una cruz esvástica. Seguramente, esta novedad, que formará parte del EP de cuatro temas, no pasará inadvertida.

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